Sí, sale

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En la mañana del 14 de junio Diputados le dio la media sanción al proyecto de legalización del aborto. Un procedimiento habitual para las iniciativas parlamentarias en el camino a ser Ley. Pero esta vez, fue distinto.

La discusión se extendió por casi un día. Desde el martes por la mañana, cientos de mujeres, algunas (pre) adolescentes y otras más adultas, comenzaban a acercarse a la zona de los derechos, el lado verde que se oponía al celestito pálido, de los anti derechos. Así, el Congreso estaba rodeado hacia el norte por pañuelos verdes y glitter, y hacia el sur por un puñado de pañuelos celestes y símbolos religiosos.

Esa movilización de mujeres (mayormente verde) se veía en los medios de transporte y en los accesos a la Ciudad. Desde antes del mediodía, grupos de chicas con pañuelos verdes interrumpían el paisaje habitual de alguien que hace siempre el mismo recorrido. Iban a paso firme y alegres, iban en busca de un derecho.

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La concentración alrededor del Congreso duró las 23 horas de la votación. Muchas militantes recordábamos hechos similares: la concentración por la 125, o por la aprobación del matrimonio igualitario; también la movilización por el día en que se sancionó  la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, pero esta oportunidad la cantidad de militantes era mayor

Alrededor de las 4 am tres cuadras de la Av. Callao seguían repletas de mujeres bailando, charlando o durmiendo. No había dudas. No nos íbamos hasta que se apruebe. Esa vigilia transmitía fuerza, convicción y alegría.

La espera también se trasladó a los bares de la zona. Los pocos abiertos estaban repletos de mujeres. Esos bares funcionaban como un refugio porque muchas veces ni se consumía. Era el lugar para conseguir agua caliente para el mate y para mirar el debate en la tele.

Como en la calle, algunas dormían (en este caso sobre la mesa), otras veían la tele y comentaban con compañeras de mesas lindantes los argumentos de los/as Diputados/as.

Alrededor de las 6 am un aire de pesimismo inundó el ambiente y con ello, tuvo lugar la angustia, la bronca. En todos los celulares llegaba el mensaje de que se perdía y entonces, el vacío en la panza. Por la imposibilidad de obtener un derecho pero también por todo el resto: el ajuste, las violencias, los femicidios.

Y de nuevo esas preguntas (existenciales?): ¿Cómo transformar la realidad?,  ¿Cómo aportar a un país más justo? ¿Sirve lo que hacemos las militantes populares cada uno de nuestros días? Y otras más concretas: ¿A nuestros legisladores no les importa tamaña movilización popular? ¿No alcanza?

Dos horas más tarde, el optimismo renovó el aire. Ahora a todos los celulares llegaban mensajes alentadores. Esta vez se ganaba. Desconfiadas, alertas, chequeábamos una y otra vez esa información.

– Sí, sale.

-Seguro?

-Si, pero por las dudas esperemos.

-Pero saleee???

-Sí, saleee!

El entusiasmo afloró y barrió con el sueño y con aquel vacío que se siente en la panza. Los ojos de las compañeras estaban vidriosos pero no era causa de la trasnochada. Era por la emoción contenida. La emoción por la posibilidad de que salga pero también por nuestra historia: las violencias, los femicidios, la desigualdad.

La expectativa otra vez y ese sentir tan propio de las militantes…ese cosquilleo en el cuerpo, esa alegría contenida y adrenalina al estar por dar un paso importante para alcanzar finalmente un derecho, como lo es la legalización del aborto. Un paso histórico. Y la satisfacción de que se consigue con la lucha popular, por ese poner el cuerpo de todas las compañeras desde hace años. Entonces eso que haces todos los días de golpe cobra sentido; todo lo que decis, se hace realidad.

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La votación de Diputados significó un paso en la búsqueda de un derecho que –desde ya- su conquista no se efectiviza con la mera aprobación en Senadores. Sin embargo, se vivió y se festejó como algo más que un paso intermedio. Es que significa un triunfo político pero, más importante aún, constituye la afirmación contundente de que la organización y la movilización popular es en sí misma una herramienta de transformación. Pocas veces esa máxima de las militantes políticas (la movilización y la política como herramienta de transformación) se manifiesta de manera tan contundente, y cuando sucede, emociona, da impulso, fuerza.

Ese 129 a 125 generó un grito agudo en las inmediaciones del Congreso. Un grito de las mujeres que expresaba la alegría por  la aprobación pero también la lucha por años de desigualdad, humillación, brechas, sufrimientos, violencias. Sin embargo, esta desigualdad, humillación y violencia machista y patriarcal continuará. Habrá que seguir luchando para erradicarla.  Pero -y ese grito lo decía- ahora sabemos por la experiencia concreta que la fuerza de la movilización de las mujeres conquista derechos.

A seguir en ese camino. #AbortoLegalYa #NiUnaMenos

Por: Dolores Guichandut

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