¿Cómo no gritarlo?

Por: Julia Liberatori

Parte de la victoria simbólica y cultural de la derecha y los espacios conservadores tiene que ver con la legitimación de instituciones que hacen oídos sordos a los reclamos, y la deslegitimación de aquellas protestas que, por no tener otras posibilidades, no se encauzan mediante las mismas.

El Estado reprime, el Estado desaparece, no garantiza los servicios de educación y salud, las fuerzas policiales detienen inocentes, fomentan redes de trata y se enriquecen con el narcotráfico, pero el problema para la sociedad son los “modos” en que las personas reclaman.

Un femicidio cada 18 hs asola al país en el 2017, y mientras muchos esbozan un tibio “sí, eso está mal”, al mismo tiempo lo que reclaman es que las mal llamadas feminazis pinten un patrullero “y esa no es la forma”. Tras este discurso está la mayor victoria de todas: después de haber ignorado todos tus derechos y reclamos, el Estado te dice qué forma es correcta y cuál no para exigirle cumplir con sus obligaciones. Si es con las que él establece te ignora, si es con las que él no quiere te reprime. Y así se conforma un círculo perfecto donde no importa si es por las vías institucionales o no, las víctimas son siempre las mismas.

Y así llegamos en 2017 y después de 12 años de lucha por los derechos humanos, a un estado criminal y salvaje que reprime a quienes piden por la aparición con vida del joven Santiago Maldonado. A un Estado que detiene a mujeres que marchan en contra de los femicidios y reclaman #NiUnaMenos, que reprime en el Borda a enfermos y médicos que piden por el mantenimiento de los talleres, y a un gobierno que reprime en las empresas donde los trabajadores defienden sus puestos de laburo. Es decir, cada vez que hay un reclamo por justicia en el sentido más ético, moral y apartidario que se le puede dar al término, hay represión.

Y en definitiva lo que se logra es que el Estado nunca deba respetar tus derechos. ¿Y por qué es importante que los garantice? ¿Por qué no son palabras vacías? Porque la obligación que tiene el Estado de respetar tus derechos es la base por la cual vos le dejás que te controle. Que te cobre impuestos, que te dé un DNI y tenga registrados todos tus datos, que te ponga leyes, que te prohíba conductas. Básicamente negociaste con el Estado derechos y obligaciones que tiene que cumplir cada uno, y ahora -en criollo- el Estado te está cagando.

Por eso es importante que cuando alguien sale a gritarlo, en vez de pedirle que respete las “formas” que le impone el Estado que lo somete, se pregunten cuántos derechos vulneró ese mismo Estado para que esa persona llegue a ese lugar. Porque cuando el reclamo es un grito desgarrador en la calle, las que están fallando son las instituciones, no las personas.

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