INDIOS

Por: Ariel Larroude

Nos critican el culto de pertenecer a aquello que a nadie le pertenece, nos quieren enseñar el amor, nos quieren enseñar a vivir.

Ellos sí: pobres tontos, pobres diablos…

Hablar del recital de Olavarría, sin pisar el palito de llevar adelante una defensa profunda de Solari será una tarea ardua, en tanto no pretendo con este ensayo defender al artista sino más bien a su gente. Gente que ha prometido llegar a la luna en caso que Patricio Rey se apersone allí.

Existe un mito, una leyenda urbana, que ubica a los recitales de los Redonditos de Ricota en lo que puede ser definido como un Zeitgeist, un fenómeno cultural –místico- en el cual hombres y mujeres de todas las edades se desprenden de su cotidianeidad y coinciden por una única vez en un suceso colectivo que los trasciende. Es el ser y el estar en el punto indicado, en el momento indicado. Ese Zeigeist fue en la localidad de Olavarria, el pasado 11 de marzo de 2017 a las 22 hs.

Sin embargo, la prosa comunicacional de los últimos días fue contestataria a éste significado, y no por su gusto musical, casi inentendible a éstas alturas, sino más bien por el peligro que a sus intereses le genera el hecho de haber visto tanta gente conmovida por algo que no tendría explicación, ya que el salto, la sofocación y el llanto, simplemente no pueden ser comprendidos bajo la mirada fría del mercado.

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A ellos les diremos que explicar un sentimiento va en contra de la lógica emocional. El sentimiento es justamente la sonrisa y el dolor que no tiene palabras, porque cualquier definición resulta egoísta y deja por fuera aquello que no debería.

En este sentido creo conveniente resaltar que se ha intentado llevar adelante una crítica a la prosa de Patricio Rey -y su culto pagano- y no a su presentación, sin entender que es allí donde los pibes se conectan con algo que, por fin, no los utiliza.

Para ellos, estas misas resultan el despojo de sí, de sus dolores y obligaciones, por eso lo que los conmueve y los ata de esa manera. Es el olvidarse -por más que duela- del rol de padre, madre, amigo o laburante que uno asumió en vida y es entregarse lo más humanamente posible al barro de la historia, a la masa, que en definitiva es la más colectiva de las personalizaciones.

Por ello, lejos de criticar, reivindico la actuación y la mística que personajes como Solari simbolizan, en tanto llevan consigo la más clara y cabal representación de los pulsos internos de los hombres, de aquellos fenómenos culturales que nos trascienden. Aún así, más enaltezco a quienes se hacen presentes en estos  recitales, toda vez que lejos de interiorizarse por el significado de las canciones, sienten y disfrutan de un latido emocional mucho más profundo que cualquier otro tipo de narrativa. Los pibes son libres porque allí, con el Indio de por medio, se reinventan a sí mismos, vibran y se revolucionan por sus ganas de ser humanos y no solo un proyecto de vida con reglas y buenos gestos.

Dirán que estos pibes son locos, pero como dice Carrol en “Alicia en el País de las Maravillas”, no hay cuerdos felices, por eso los respeto tanto.

🎥 Fanático le pide casamiento a su novia en pleno recital.

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